El papagayo tropical Hugo Chávez cree que EEUU provocó el terremoto en Haití con una máquina "imperialestah". Ya me estoy imaginando a sus seguidores con un gorrito de papel de aluminio en las cabezas, intentando protegerse de las ondas electromagnéticas del proyecto "Jarp".
Hay ciudadados, gente de andar por casa en pantuflas, que gustan de ser mandados. Les encanta convertir a algún militar en sumo pontífice del Estado y, vaciando quirúrgicamente su sesera, piden a su Sagrado Líder que mande a parar de este modo: "a sus órdenes, mi comandante".
A sus órdenes, dicen. Y lo demás, bah. La personalidad y eso, cosas sofisticadas de afrancesados. Pamplinas burguesas, ¿no? Es mejor no pensar, no contradecir al mandamás y seguir dictados de Aló Presidente. Requiere menos energía y movimiento. Es pura física.
Lo complicado es hacer lo que uno desea. Cumplir sueños. Eso duele y deja heridas abiertas (algunas que no cerrarán jamás). Conlleva noches sin dormir, incluso olvidar qué era el sueño. Es un camino de sacrificios. Pero luego se entiende lo que es ser feliz.
Es también lo que pretenden los haitianos, vivir bien. Por eso agradecen la ayuda internacional con los brazos abiertos: ellos ven que unos grupúsculos con machetes quieren acaparar las donaciones y los recursos, y también se fijan en quiénes son esos que vienen en helicópteros a auxiliarlos. Les da igual lo que diga Chávez al respecto: viven en el mundo real.
Hay ciudadados, gente de andar por casa en pantuflas, que gustan de ser mandados. Les encanta convertir a algún militar en sumo pontífice del Estado y, vaciando quirúrgicamente su sesera, piden a su Sagrado Líder que mande a parar de este modo: "a sus órdenes, mi comandante".
A sus órdenes, dicen. Y lo demás, bah. La personalidad y eso, cosas sofisticadas de afrancesados. Pamplinas burguesas, ¿no? Es mejor no pensar, no contradecir al mandamás y seguir dictados de Aló Presidente. Requiere menos energía y movimiento. Es pura física.
Lo complicado es hacer lo que uno desea. Cumplir sueños. Eso duele y deja heridas abiertas (algunas que no cerrarán jamás). Conlleva noches sin dormir, incluso olvidar qué era el sueño. Es un camino de sacrificios. Pero luego se entiende lo que es ser feliz.
Es también lo que pretenden los haitianos, vivir bien. Por eso agradecen la ayuda internacional con los brazos abiertos: ellos ven que unos grupúsculos con machetes quieren acaparar las donaciones y los recursos, y también se fijan en quiénes son esos que vienen en helicópteros a auxiliarlos. Les da igual lo que diga Chávez al respecto: viven en el mundo real.
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