"El Cosmos es todo lo que es o lo que fue o lo que será alguna vez."
El excelente divulgador de la ciencia y astrofísico Carl Sagan murió el 20 de diciembre de 1996 después de su lucha contra la neumonía. Pero mantuvo otro combate más arduo y complicado. Durante toda su vida mantuvo una postura escéptica y usó todo lo que pudo el método científico: el quería saber, no creer. Y para saber hay que dudar.
Aunque vivimos en una sociedad altamente científica existe cierta alergia a la ciencia (es percibida por la gente común como una cosa de friquis, algo ininteligible y demasiado difícil y árida) en contraste con el interés creciente por las pseudociencias, los misterios y sus "naves cuartomilenianas". En parte, esa muestra de curiosidad que no logra satisfacer la ciencia por su mala divulgación y malentendidos varios con el público, innata en el ser humano, se desplaza desgraciadamente hacia las incógnitas irracionales del pasquín magufo de turno.
Hace unos años me leí Cosmos (y vi su serie homónima) así como otro del viejo Carl: El Mundo y sus Demonios. En el primero nos mostraba las maravillas del Universo -habla prácticamente de todos los campos científicos: astrofísica, biología, geología, física...¡e incluso da algunas pinceladas históricas!- con una prosa épica y encantadora. Para Carl, desde el Big Bang hasta la elegancia de una galaxia espiral, todo comparte la misma belleza y nosotros mismos (y la vida) estamos relacionados con ella, somos polvo de estrellas. Toda nuestra materia salió de los astros estelares, de su horno de cocción, de esos laboratorios espaciales. En cambio, el segundo libro diserta sobre un tema interesantísimo: la guerra entre el método científico y las sinrazones pseudocientíficas, sazonado de anécdotas, reflexiones, hechos y hasta una lista de falacias comunes.
Hoy, 20 de diciembre, es un día para reflexionar sobre cómo mejorar la divulgación científica, la educación en esas materias clave y demás. Las generaciones futuras nos lo agracederán.
Hace unos años me leí Cosmos (y vi su serie homónima) así como otro del viejo Carl: El Mundo y sus Demonios. En el primero nos mostraba las maravillas del Universo -habla prácticamente de todos los campos científicos: astrofísica, biología, geología, física...¡e incluso da algunas pinceladas históricas!- con una prosa épica y encantadora. Para Carl, desde el Big Bang hasta la elegancia de una galaxia espiral, todo comparte la misma belleza y nosotros mismos (y la vida) estamos relacionados con ella, somos polvo de estrellas. Toda nuestra materia salió de los astros estelares, de su horno de cocción, de esos laboratorios espaciales. En cambio, el segundo libro diserta sobre un tema interesantísimo: la guerra entre el método científico y las sinrazones pseudocientíficas, sazonado de anécdotas, reflexiones, hechos y hasta una lista de falacias comunes.
Hoy, 20 de diciembre, es un día para reflexionar sobre cómo mejorar la divulgación científica, la educación en esas materias clave y demás. Las generaciones futuras nos lo agracederán.

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